La formación

Llevo más de veinte años formando personas en informática y nuevas tecnologías. Sin duda, es uno de los trabajos más gratificantes que he hecho. Pero hay una realidad que se repite siempre: cuando un trabajador es convocado a una formación, rara vez va motivado.

 

Muchos ven el curso como una pérdida de tiempo. Si es dentro del horario laboral, dejan de hacer su trabajo. Si es fuera de horas, es tiempo que podrían dedicar a descansar. Entenderlo es clave.

 

Por eso es importante saber qué herramientas usa cada trabajador. La mayoría nunca programará. En el 98% de los casos, su día a día pasa por Office, sobre todo Outlook y Excel. Sumemos el ERP de turno, con permisos muy restrictivos. En muchos casos, el uso más avanzado es ejecutar consultas (querys) y generar enormes volcados en CSV.

 

CSV que, al principio, parece un laberinto sin salida.

 

Aquí es donde la formación brilla. Ver la cara de los alumnos cuando descubren que pueden filtrar datos, extraer estadísticas o detectar patrones es impagable. Excel deja de ser solo una hoja de cálculo. Se convierte en una herramienta que cambia la forma de trabajar.

 

Las horas de formación dejan de ser una obligación y se convierten en una oportunidad. La resistencia inicial se transforma en entusiasmo. La tecnología deja de ser un obstáculo. Se convierte en un puente hacia un trabajo más organizado y eficiente.

 

Pero hay un fenómeno preocupante que veo a menudo. Las nuevas incorporaciones en la empresa responden “sí, lo sé hacer” ante cualquier tarea. Y en cuestión de segundos, abren ChatGPT u otro asistente de IA.

 

  • No hay dudas.
  • No hay preguntas.
  • No hay reconocimiento del desconocimiento.

 

Es sorprendente la naturalidad con que lo hacen. Sin vergüenza. Sin intentar entender la tarea. La IA se ha convertido en un sustituto del conocimiento, no en un apoyo.

 

Esto muestra dos carencias claras:

 

  1. Miedo a decir “no lo sé”. Reconocer que no sabemos algo es el primer paso para aprender.
  2. Falta de criterio para validar la IA. Muchos copian la respuesta sin comprobar si tiene sentido o funciona.

 

Por eso creo que hace falta mejorar la formación en las escuelas. El profesorado debe conocer el mundo laboral y preparar a los niños con habilidades útiles.

 

Sí, hacer cursos de robótica, programación o videojuegos es estimulante. Mejora la creatividad y la capacidad cognitiva. Pero hay que ir más allá. Los niños también necesitan herramientas reales. Capacidades que les permitan organizar información, resolver problemas y adaptarse a situaciones prácticas.

 

Solo así aprenderán a pensar por sí mismos, identificar necesidades reales y usar la tecnología como apoyo, no como muleta. Esto convierte la formación en una inversión real, no solo en una actividad divertida.

 

En mis formaciones, trabajo con ejercicios prácticos. Reflejan el día a día de un trabajador. No son robots ni videojuegos, sino tareas concretas:

 

  • Calcular rappels y otros ajustes de facturación.
  • Determinar la fecha de jubilación de un empleado.
  • Estimar importes de liquidaciones o compensaciones.
  • Calcular intereses de préstamos personales o financieros.

 

Estas actividades ayudan a los alumnos a dominar las herramientas que ya tienen: Excel, Outlook, ERP. Aprenden a organizar la información sin depender de nadie.

 

Es en estos pequeños retos diarios donde la formación deja de ser una obligación y se convierte en una oportunidad para trabajar mejor, más rápido y con más seguridad.